Este es el momento de parar y hacer silencio para escuchar el corazón. Cada persona es un sueño de Dios y, en un susurro, nos lo va descubriendo mientras pronuncia nuestro nombre. Encontrarnos en este sueño, encontrarlo y hacerlo nuestro camino de vida significa descubrir la llave de nuestra felicidad. Eso es la vocación…

Jesús se fía de ti

“Jesús salió de nuevo junto al lago; la gente acudía en masa y él les enseñaba. Al pasar vio a Leví de Alfeo sentado en el mostrador de los impuestos y le dijo: -¡Sígueme!

Se levantó y lo siguió”  (Mc. 2, 13 – 14)

Para pensar

Imagínate la escena: Jesús paseando junto al lago de Galilea. La orilla está llena de gente, es la hora de terminar el trabajo del día, los pescadores van llegando con sus barcas, hay muchos niños, y mujeres que esperan comprar pescado.

Mira el resplandor del sol sobre el agua en aquella hora, el olor al agua dulce del lago, el pescado fresco… Escucha los gritos de los niños, las voces de los pescadores…

Jesús está allí y lo observa todo. Pero Él no mira como nosotros, su mirada penetra más allá de las apariencias. La gente, al reconocer a Jesús, se acercan a Él y Él les enseña.

Cuando termina su catequesis sigue caminando y encuentra a Leví. Jesús conoce bien el trabajo de Leví como recaudador de impuestos, también sabe que la sociedad lo considera un pecador, un ladrón.

Pero a Jesús no le importan todos esos prejuicios, Jesús ve al hombre, al ser humano. Jesús ve el interior y llama a Leví para que le siga.

Leví nos habla:

“Cuando escuché a Jesús pronunciar mi nombre me llené de emoción, quedé sobrecogido. ¿Cómo es posible que este rabí se fije en mí, si yo soy un pecador? Nadie en el pueblo quiere juntarse conmigo si no es mi esposa y mis hijos. Y este Maestro que yo he admirado por sus enseñanzas, que me llena de entusiasmo… este Maestro me pide que le siga, que me una al grupo que lo acompaña. Pero ¿Cómo es posible?, nadie daría un denario por mí, si yo no soy nada más que escoria.

Desde ese día lo seguí y me convertí en un hombre nuevo, estaba lleno de entusiasmo, mi vida dio un giro de 180 grados. Comprendí que mi vida tenía sentido, que yo tenía valor a los ojos de Jesús, y lo más importante: Él se fiaba de mí”

¿Te reconoces en Leví? Tal vez piensas que no eres lo suficientemente bueno como para seguir a Jesús. Pero Jesús te quiere, te llama, te necesita como tú eres. No busca gente genial, busca gente normal para que compartan su proyecto, construir un mundo mejor.

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